Cuando hace tres años decidimos encargar el cartel de la Durangoko Azoka a diferentes artistas vascos, hubo unanimidad absoluta en quién debería abrir esta nueva etapa, y no era otro que Néstor Basterretxea.

Conocíamos su impresionante trayectoria artística y vital, pero cuando entramos en su casa de Hondarribía, todo esto pasó a segundo plano. La persona superó con creces a la obra. Desde el principio, su respuesta no sólo fue positiva, sino también entusiasta y totalmente desinteresada.

A partir de ahí, le visitamos en varias ocasiones y acudió a Durango tanto a la presentación del cartel como a la Azoka. Era impresionante ver a aquel hombre grande de casi 90 años paseando entre los stands, ilusionado como un joven artista al que le han hecho su primer encargo.

Las horas que compartimos con él, fueron todas y cada una, un auténtico placer. Conocimos a un hombre sabio, seductor, elegante, generoso, sin pelos en la lengua, con un sentido del humor socarrón e incisivo, y con una cercanía y complicidad que desarmaba a cualquiera. Era en definitiva, el amigo que a todos nos gustaría tener.

En algún momento de aquellas sobremesas, en las que ejercía de animador sin descanso, Néstor se quedó pensativo y le salió desde muy dentro; “la muerte es una putada”. El tiempo se iba acabando, y en su mente de artista los proyectos se acumulaban sin descanso.

Estamos de acuerdo. La muerte es una putada. Sobre todo cuando se lleva a personas como tú, y nos deja a todos un poco más solos y asustados.

Gracias por todo, Néstor.

Un abrazo!

Txelu Angoitia

 

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